La mordaza

Un espacio para difundir los efectos censuradores de la Ley de Comunicación de Ecuador

Opinión: Los lápices no tienen miedo

Deja un comentario

16717430Cuando el terrorismo toma las armas, el mundo toma el humor Charlie Hebdo promete regresar con más risas y 20 veces más tiraje Guayaquil dibuja su indignación.

Los hombres de ideas aman las frases. Aman, por ejemplo, la que asegura que ninguna espada es más fuerte que un lápiz. O que un pensamiento. Pero cada vez que un desquiciado se toma el reto y enfrenta su espada (o fusil ruso) contra los lápices, entonces todos paramos aquí: en el debate de lo que -creíamos- ya no hacía falta debatir.

La masacre que acabó con la vida de 12 personas en el atentado contra la satírica revista francesa Charlie Hebdo puso al mundo del mismo lado del tablero. El lado del rechazo se colmó de comentarios y posts, y dibujos y tuits. Porque salta a la vista que no hay otra forma.

Guayaquil está lejos. Se encuentra distante del conflicto musulmán, de la convivencia con el islam en forma masiva, del terrorismo… Pero no del humor, mucho menos del humor gráfico. Por eso, tampoco está lejos del miedo a las consecuencias.

Los lápices han escrito la historia de esta ciudad. Desde Pancho Jaime, el caricaturista que estampó su nombre en la historia popular con una revista satírica, que no dudaba en desnudar (literalmente) a políticos como Abdalá Bucaram o León Febres-Cordero. Pancho Jaime fue asesinado y su crimen no fue resuelto… En la línea de la confrontación (que no de la sangre) se ha detenido el célebre Bonil (Xavier Bonilla), el primer comunicador sancionado por la Ley de Comunicación y constantemente criticado por las bocas del poder. Tampoco ha soltado la pluma. La caricatura ecuatoriana no ha dejado nunca de incomodar. Y promete no dejar de hacerlo.

Las nuevas generaciones de dibujantes, con técnicas y mensajes variados, dan prioridad a la idea que a la consecuencia. Aunque la sombra de la censura (y la autocensura) siempre ronde su trabajo.

Es natural al fin y al cabo. Los humoristas no son guerrilleros, pero enfrentan el poder; no son soldados, pero arriesgan la integridad; no son activistas, pero defienden las libertades. ¿Cuál es el costo?

La pregunta suelta viene de Marco Martínez, escritor guayaquileño y firma de una de las principales iniciativas satíricas del país, La Matemango. La publicación es nueva, pero se ha hecho lugar en los círculos artísticos de la ciudad, pese a su corto tiraje, por la irreverencia que imprimen a sus viñetas. Jesús insultando a los predicadores, mujeres adictas al sexo y penes… muchos penes. Ese es el catálogo humorístico de una publicación que, en palabras de Martínez, solo tiene una regla: “No se ofende gratuitamente… Todo debe llevar a una reflexión. Y no todo se publica”.

A Matemango lo acompaña Nerdos, Iván Casanova, Éricka Coello y una serie de jóvenes pinceles que prefieren la tinta a los borradores y que han llegado (a Internet y los medios ecuatorianos) para detener la carrera de todos los días y mirar alrededor.

Los lápices no tienen miedo. Pero, a ratos, los dibujantes sí. Las personas, en general. Por eso, esta semana, hubo diarios que no publicaron las portadas polémicas del semanario francés, televisoras ecuatorianas que pixelearon los dibujos, noticiarios occidentales que advirtieron el humor sobre Mahoma, pero ignoraron las viñetas sobre Jesús.

Eso era básicamente lo que diferenciaba a la pequeña Charlie Hebdo de miles y miles de comediantes: la falta de miedo. Después de 10 años de amenazas, dos atentados sin víctimas mortales y demandas… después de esto Stéphane Charbonnier, el director del semanario, seguía repitiendo: “Hace más daño una caricatura censurada, que una publicada”.

Incluso ahora, cuando la sangre aún está fresca y la redacción de Charlie Hebdo se ha reducido un tercio, la revista planea el gran regreso. Un tiraje que multiplicará por 20 su circulación promedio para multiplicar por 20 su mensaje: no tenemos miedo.

A eso se reduce todo. El fanatismo, detonante y responsable de esta y otras tragedias, puede matar, puede enlutar, puede obligar a que la Torre Eiffel apague las luces, pero no puede infundir miedo. Porque los lápices no tienen miedo.

Artículo publicado originalmente en: expreso.ec

Anuncios

Autor: Fundamedios

La Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios, FUNDAMEDIOS, es una organización de la sociedad civil que apoya el desarrollo de medios de comunicación democráticos y el ejercicio del periodismo de calidad. En cada una de sus ramas, la Institución busca generar un debate permanente sobre la relación entre el periodismo y la sociedad. Además conocer los retos principales que enfrentan los periodistas en la labor diaria de informar y los nuevos cambios que la sociedad propone.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s