La mordaza

Un espacio para difundir los efectos censuradores de la Ley de Comunicación de Ecuador

Opinión: El botín perfecto

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Imaginemos que un genio saliese de una botella y le ofreciese a un político corrupto cumplirle todos sus deseos para así diseñar el país perfecto en el cual robar impunemente. Después de que todos los pedidos del adepto al peculado hubiesen sido atendidos, el resultado sería un país muy parecido al Ecuador de hoy. Si es que el México del PRI fue, en palabras de Mario Vargas Llosa, “la dictadura perfecta”, el Ecuador de ahora es, en ese sentido, el botín perfecto. Todos y cada uno de los actores que permiten poner en evidencia a la corrupción dentro de un país han sido neutralizados en los últimos años.

La oposición insiste en demostrar que carece, no solo de la autoridad moral, sino aparentemente también del coeficiente intelectual necesario para hacerlo. La independencia de poderes no existe; los miembros del aparato judicial y legislativo exhiben una mezcla de temor reverencial e infinito sentido de deuda para con el ejecutivo y el partido. El sistema en sí ha perdido sus defensas naturales.

Con los actores ajenos al sistema ha sucedido lo mismo. La prensa, golpeada y debilitada tras una larga guerra de desgaste, y sujeta a la espada de Damocles de la Ley de Comunicación no está en condiciones de exponer esas verdades que nadie más tiene el coraje de sacar a relucir. Incluso el consuelo de un refuerzo desde el extranjero nos está negado.

No tiene sentido esperar que la prensa de afuera o la justicia de otros países nos echen una mano; la mayoría de los grandes contratos de los últimos años no han sido con democracias, sino con dictaduras o con empresas extranjeras que no están sujetas a leyes anticorrupción en sus países de origen. Hasta una riña interna que termine en delaciones mutuas resulta imposible; no habría ni siquiera ante quien delatar y, como alcanza para todos, estos cuervos no atacan a cuervos.

Estamos, así, a merced de la honestidad y buena voluntad de los políticos, recursos que suelen ser es terriblemente escasos. Al momento de fiscalizar, estamos condenados a esperar por siempre los improbables casos de que a un banquero de paraíso fiscal le nazca una conciencia, que un corrupto sufra una súbita conversión o que surja un talibán moral dispuesto a morir sepultado por un tsunami de sabatinas y demandas en su contra.

Artículo de opinión de Daniel Márquez Soares, publicado originalmente en La Hora.

Imagen tomada de elcuriosity.com.

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Autor: Fundamedios

La Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios, FUNDAMEDIOS, es una organización de la sociedad civil que apoya el desarrollo de medios de comunicación democráticos y el ejercicio del periodismo de calidad. En cada una de sus ramas, la Institución busca generar un debate permanente sobre la relación entre el periodismo y la sociedad. Además conocer los retos principales que enfrentan los periodistas en la labor diaria de informar y los nuevos cambios que la sociedad propone.

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